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Camioneros del siglo XXI: una oficina sobre ruedas

agosto 20, 2021 0Uncategorized

La percepción general es que el trabajo de camionero, especialmente cuando se trata de rutas largas, es una labor especialmente sacrificada y que quien se dedica a ello es porque está hecho de una pasta diferente a la del resto de los mortales.

Esa percepción tiene su parte de verdad, pero la realidad es que los avances tecnológicos han suavizado notablemente la dureza de la profesión de camionero.

Los camiones de hoy nada tienen que ver con los entrañables, pero indomables Barreiros del pasado y la normativa de tráfico y transporte hace que estos profesionales del volante dispongan de muchos tiempos muertos y horas de parada obligada.

Conducir un gran camión: del sacrificio al placer

Los más veteranos, a veces sueñan que se encuentran al mando de su viejo ‘Pegaso’, con su caminar cansino, su ruido atronador característico, su cambio inmanejable al que había que dominar aplicando el doble embrague y aquel volante cuya dureza exigía esfuerzos hercúleos.

Pero todo eso ya no existe y cuando se despiertan, recuerdan los tiempos pasados con una mezcla de alivio y de nostalgia por la juventud que se les ha ido. Porque los camiones de ahora disponen de todas las comodidades y adelantos, y su conducción ya no exige esfuerzo físico sino grandes dosis de pericia.

Hoy son legión los camioneros que afirman que manejar una de estas máquinas impresionantes es una labor gratificante, si se exceptúa que los períodos fuera de casa se hacen, no siempre, demasiado largos.

Muchas horas y muchas vivencias

Qué no habrán visto los ojos de un camionero durante sus largas rutas nacionales e internacionales: imprudencias increíbles de conductores atrevidos o vehículos surcando las autopistas en zig-zag, guiados por personas cargadas hasta el alma de alcohol y drogas.

Por no hablar de los accidentes de tráfico inverosímiles, de los restaurantes dignos de películas apocalípticas o de las áreas de descanso inhóspitas, en las que las infinitas hileras de camiones durmientes se convierten en un espectáculo fantasmal digno de ser visto.

Pero no todo han de ser malas experiencias: los camioneros también disfrutan de amenas veladas en lejanos bares o restaurantes donde ya son como de la familia, y de los encuentros fortuitos e inesperados con viejos compañeros de profesión.

Muchas amistades de larga duración entre camioneros se inician en plena vía, cuando uno de ellos se ha quedado tirado, y otro, a quien no conoce de nada, se detiene para brindarle, de manera altruista, una mínima asistencia en carretera. Y es que el buen camionero es solidario por naturaleza.

La parte amarga: mucho control y más burocracia

El suceso del día que un camionero nunca desea ver ocurre cuando las autoridades de Tráfico le hacen la temida señal de que se detenga en el arcén.

Y no se trata del miedo a multas o sanciones, que también caen a veces, sino de la incertidumbre acerca de la duración de la parada obligatoria e imprevista.

Porque en función de las comprobaciones que realice el agente, esta puede durar solo unos minutos o extenderse durante horas. Los trámites de pesaje y las comprobaciones de carga pueden acabar con el temple del más experimentado chofer.

Lo mismo ocurre a la hora de cargar o descargar ciertas mercancías que exigen controles estrictos o con los mantenimientos obligados de las flotas de camiones, que pueden alargarse más de la cuenta si se detecta alguna anomalía mecánica inoportuna.

La oficina sobre ruedas

La derivada de lo dicho es que los camioneros del siglo XXI también son oficinistas a la fuerza, aunque esta tarea sea solo a tiempo parcial: tacógrafos, registro de descansos, permisos, autorizaciones y demás parafernalia burocrática ocupan parte de su tiempo.

Además la tecnología ha facilitado que se delegue en el profesional del volante algunas tareas que antes eran resueltas por expedidores, destinatarios y agencias de transporte, de tal suerte que, en ocasiones, la parte trasera de las cabinas se convierte en un extraño híbrido entre dormitorio y oficina.

Y es este un habitáculo que tiene su miga, porque alguno de estos dormitorios poco tiene que envidiar al de la mejor autocaravana, con la evidente salvedad de sus pequeñas dimensiones.

Camioneros por vocación y por devoción

Lo que no ha cambiado en los camioneros actuales, respecto a los del pasado, es que la mayoría de ellos comienzan a trabajar como tales por vocación innata.

Y no son pocos los que, habiendo abandonado el mundo del transporte en busca de trabajos menos sacrificados, han vuelto a retomar el volante, y no precisamente por obligación: algo tiene esta profesión que provoca que el camionero vocacional se convierta, además, en un devoto de su forma de vida.

La prueba de lo que decimos es que muchos de ellos afirman que por nada del mundo cambiarían de oficio.

Los camioneros que así hablan son fácilmente distinguibles a simple vista, pues hasta en la estética de sus camiones se proyecta la impronta de su propietario o conductor, evocando una especie de simbiosis entre hombre y máquina.


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